domingo, 29 de septiembre de 2013

Amor después de los 65 años

La capacidad de amar y la capacidad de ser amados son las dos condiciones básicas de la calidad de vida del adulto mayor.

Las estadísticas son muy claras, y establece que la mujer enviuda con mayor frecuencia que el varón, lo que implica que tanto en términos absolutos como relativos, hay más mujeres adultas mayores en estado de viudez que varones. Y estos últimos se casan rápidamente, pareciera que toleran menos la viudez que las mujeres, además de tener una oferta mayor para componer una nueva pareja. Los Clubes de mayores suelen ser un ejemplo claro: la participación femenina es todavía mayor que 4 a 1 y suele llegar a cifras como de 30 a 1 y 50 a 1.

El enamoramiento en la tercera edad

Del varón y la mujer adultas mayores se espera sensatez, mesura, realismo, serenidad, de acuerdo a los estereotipos vigentes en todas las épocas. Por tanto, el adulto mayor no tiene permiso para enamorarse, según sus hijos, nietos y amigos, y según la sociedad. Enamorarse estaría fuera de lugar. Esta fuerte tradición cultural se ha modificado, por suerte. Ha desaparecido la gerontofilia como desviación sexual, así como la sospecha de que todo anciano varón sobre todo, es más proclive a las parafilias y abusos de niños. Se reconoce que hay adultos mayores de ambos sexos, atractivos, seductores, amables.

Los amores secretos y unipolares, unilaterales, no son raros sin embargo, a esta edad, y suelen llenar los días y las fantasías de las personas mayores, que pueden transformar en amistades sus amores inconfesos o imposibles. Porque su amor heterosexual se deposita sobre una persona casada o comprometida.

Los matrimonios que sobreviven

Aunque parezca mentira, en los albores del siglo XXI hay personas que se han casado una sola vez y siguen juntos luego de 30, 40, 50 y más años de matrimonio.

De alguna manera, el amor otoñal en cada tipo de las parejas mencionadas adquiere formas diversas: más afectuosa, más amistosa, más sexual, más tierna, más refinada, más espaciada, más profunda, más romántica. Pero por sobre todas las cosas, aunque pueda parecer insípido, el amor otoñal es realista, acepta las arrugas del otro, la sordera, las pequeñas manías, las depresiones peculiares, los gustos preferencias, así como el manejo del dinero cada vez más restrictivo, incluso las infidelidades del pasado son finalmente elaboradas cuando existieron.

Según estadísticas, 50% de las parejas que no son interrumpidas por la viudez, envejecen juntas sin problemas. La otra mitad convive en medio de un infierno pequeño, mediano o grande, con diversos grados de separación y divorcio, bajo el mismo o diferente techo. Una crisis matrimonial frecuente es la provocada por el llamado 'nido vacío' cuando los hijos ya adultos se van de la casa para formar un nuevo hogar, casados, unidos o por independizarse.



Factores Asociados al Bienestar Subjetivo en el Adulto Mayor


Bienestar Subjetivo

Actualmente se considera que una de las principales barreras entre la vejez y un estado de bienestar, lo constituye una evaluación negativa de la ancianidad hecha por algunos miembros de las sociedades occidentales, lo que disminuye la oportunidad de aceptar otros hallazgos importantes de la gerontología moderna, los cuales destacan el incremento de la variabilidad interindividual en relación con el funcionamiento y el ajuste en la vejez y el hecho de que la mayor parte de las personas se ubicarían en el rango normal de esta variabilidad.

Ryff operacionaliza el bienestar subjetivo en las siguientes dimensiones:

Autoaceptación. Es el criterio más utilizado para definir bienestar, y es conceptualizado como la figura central de la salud mental, como una característica de madurez, realización personal y funcionamiento óptimo.
Relaciones positivas con los demás. La importancia de la calidez y confianza en las relaciones interpersonales, así como la capacidad de amar, son vistas como uno de los principales componentes de la salud mental, siendo a la vez un criterio de madurez.
Autonomía. Enfatiza la autodeterminación, la independencia y la regulación de la conducta.
Dominio del ambiente. La habilidad de elegir o crear ambientes acordes a las propias condiciones físicas es definida como una característica de la salud mental. Implica la capacidad de manipular y controlar los entornos o ambientes complejos contando con la participación del medio.
Propósito en la vida. Destaca la comprensión de un propósito o significado de la vida, un sentido de dirección o intencionalidad. Quién funciona positivamente tiene objetivos, intenciones y un sentido de dirección.
Crecimiento personal. El funcionamiento psicológico óptimo requiere no solo desarrollar las características anteriores, sino también continuar el desarrollo de su propio potencial, crecer y expandirse como persona.

Los procesos de envejecimiento y el cúmulo de pérdidas psicosociales que acontecen durante la vejez parecen determinar en algunos ancianos su incapacidad para percibir sus competencias y habilidades y, desde luego, los aspectos positivos del entorno que les rodea y de la vida en general. En este sentido, existen hallazgos empíricos que demuestran que la autoestima decrece con la edad. Esta autoestima o autosatisfacción puede considerarse, según Schwart (1975 en Fernández-Ballesteros, 1999), como el eje de la calidad de vida de los ancianos.


Salud Física

En esta línea, la salud física, es otro de los elementos a considerar como relevantes. Se ha reportado que los ancianos refieren, por lo general, pocas preocupaciones a excepción de las que tienen que ver con el área de la salud (Fernández-Ballesteros, 1994). De hecho, no sería extraño pensar que la salud fuera la preocupación más importante, en las personas de mayor edad, a partir de que lo que caracteriza esta etapa de la vida es el declive biológico, en definitiva, el deterioro físico, que a menudo se traduce en hospitalizaciones en clínicas geriátricas u hospitales generales.
Aún cuando partamos de una concepción global de la salud, entendida como "un estado completo de bienestar físico, mental y social y no simplemente como ausencia de enfermedad", se hace necesaria la multidimensionalidad del concepto en sus distintos componentes que, en términos de definición, la forman: el funcionamiento físico, mental y social. Una evaluación integral de la salud respondería a una evaluación conjunta de estos tres aspectos.
Dos investigaciones realizadas en los Estados Unidos y Finlandia demuestran una correlación positiva entre nivel socioeconómico y salud autorreportada. En ambos estudios, los factores psicológicos positivos como mayor apoyo social, menor rabia, menor depresión y menor estrés percibido, y prácticas de salud beneficiosa como no fumar, no beber, y hacer ejercicios moderados, fueron asociados con un nivel alto de estatus socioeconómico y mejor salud autorreportada (Cohen, Kaplan & Jukka, 1999).

Apoyo Social

 En concreto, existen múltiples definiciones de apoyo social. Por ejemplo en Peiró y Salvador (1993), se enumeran diversas definiciones, como la de Caplan (1975) que lo define como la presencia o ausencia relativa de recursos de apoyo psicológico provenientes de otras personas significativas, Cobb (1976) lo considera como la información que permite a las personas creer que: a) se preocupan de ellos y les quieren; b) son estimados y valorados y c) pertenecen a una red de comunicación y de obligaciones mutuas. 
Se puede decir que este es un concepto multidimensional que incluye apoyo social percibido, apoyo en términos de información, apoyo emocional, existencia de redes, entre otros.
Por otra parte existe una polémica con respecto a las distintas formas como el apoyo social podría modular las experiencias de estrés. Entre ellas, se cuenta el cambio en la apreciación subjetiva del estresor, la modificación en las estrategias de afrontamiento, el incremento de la motivación y/o la autoestima, y por último, la alteración del estado de ánimo, contribuyendo a que el estresor afecte menos (Peiró & Salvador, 1993).



Perfil Psicológico del Anciano

Lo que denominamos hoy ¨tercera edad” constituye una etapa de la vida cada vez más larga, las situaciones psicosociales y la propia personalidad del anciano pueden cambiar y esto ocurre en función de su estado de salud, autonomía y cambios que pueden afectarlo, de ahí que no podemos encasillar al anciano dentro de determinados prototipos o clasificaciones.
Existen personas mayores a los que el hecho de envejecer los motiva a descubrir nuevos roles en la vida, mantener los ya obtenidos y no perder su “status” social que ya conocen, de ahí que el equipo asistencial geriátrico debe ayudarlos a su adaptación no sólo influyendo en ellos, sino en su medio habitual.

Toda persona posee un comportamiento condicionado por diversos factores y en el caso particular de esta etapa, dichos comportamientos están estrechamente vinculados a su capacidad de adaptación, su salud, recursos económicos y apoyo familiar y social que reciba.

Formas de conductas más frecuentes en el anciano
Como a cualquier edad, el anciano se ve sometido a conflictos o situaciones que le provocan cambios, ante estas situaciones debe encaminar sus esfuerzos a la búsqueda de soluciones o formas de adaptación que le permiten seguir viviendo.

En este sentido manifiestan toda una serie de conductas o formas de reaccionar muy “típicas” de esta edad entre las que podemos mencionar:

1- Comportamiento contradictorio
Temen a la soledad pero con frecuencia no aceptan las proposiciones que se les hace para evitarlas como una forma de no enfrentar nuevos abandonos o rechazos en el futuro.

2- Labilidad emocional y afectiva constantes
Por el menor motivo se entristecen, lloran o exhiben una incontinencia emocional inadecuada.

3- Quejas continuas
Ya sea en torno a su salud o pérdida de autonomía, sus quejas regularmente prolijas en su expresión, crean irritación en quienes los escuchan con sistematicidad, estas quejas demandan afecto e interés hacia sí mismos, pero suelen testimoniar más bien una disfunción de su sociabilidad y capacidad de amar y una forma de replegarse sobre sí mismos.

4- Conducta de Toxicofilia
Su expresión más alta es en la dependencia que hace el anciano de ciertos fármacos (laxantes, hipnóticos, ansiolíticos, vaso activos o alcohol).

5- Regresión de la libido 
En esta conducta manifiesta una clara disminución del amor hacia los demás, pérdida del interés hacia otras actividades, y un deseo creciente de estar sentado o en cama, con aumento de la pereza.

6- Aumento de los deseos de “ser amado”
Se muestran celosos con todos provocando conflictos con sus conviventes, llegando incluso al “chantaje afectivo” como una forma de conducta regresiva.

7- Tendencia a guardar cosas

Se dan a la tarea de almacenar alimentos, objetos, papeles, periódicos, en fin, reliquias que llenan sus armarios, mesas, etc., lo que revela su deterioro regresivo; no toleran cambio con relación a este conservadurismo ya que reaccionan de forma agresiva e intolerante.

8- Conductas agresivas
Esta agresividad puede constituir una forma de adaptación al medio, por lo tanto si es comprendida y escuchada puede ayudarlos, pero puede ser perjudicial si los convivientes la consideran patológica.

9- Apego a su hábitat (espacio, territorialidad)
Se les hace difícil adaptarse a nuevos lugares, necesitan su espacio, su privacidad, exigen respeto a su rincón y sillón favorito, ya sea en hogar o en instituciones donde permanezcan temporalmente o por tiempo indefinido.

Psicotipología en la ancianidad


Según el autor Jiménez Herrero, son diversos los psicotipos que se pueden identificar en un colectivo de ancianos, unos adaptados y otros no adaptados a la vejez.

A.- Entre los adaptados están:
1.- Los maduros se muestran bien adaptados en las relaciones con los demás e integrados al medio en que viven, controlan sus impulsos, son activos y habitualmente expresan satisfacción con la vida y con ellos mismos.
2.- Los blindados o rígidos como mecanismo de defensa para atenuar su miedo a los fracasos y a la dependencia, cumplidores de sus deberes, se muestran relativamente satisfechos de su pasado, no suelen discutir problemas de índole personal ni permiten intromisiones.
3.- Los caseros pasivos y dependientes están contentos de estar jubilados y no tener grandes responsabilidades, no se muestran satisfechos de su trabajo anterior, poco activos socialmente, suelen mostrarse indulgentes y adaptados a su nuevo “status” ya que esto les permite que comprendan mejor sus deseos de inactividad.

B.- Entre los inadaptados se encuentran:
1.- Los irritables, que constituyen habituales “cascarrabias” gruñones y frustados o agudos y amargos. Le reprochan a los demás sus fracasos, son desconfiados, no estaban muy satisfechos de su trabajo anterior, sintiéndose también incómodos en su nueva situación de retirados, en la “tercera edad” la cual ven sin futuro. Poseen baja autoestima, y generalmente arrepentidos de su pasado.

C.- Hay además grupos mixtos de psicotipos en cuanto a la adaptación a la vejez como son:
1.- Los introvertidos, de los que existen muchas variaciones, bien adaptados algunos y mal o escasamente adaptados otros; apegados a sus valores, ideas o pertenencias, suelen ser taciturnos, sobrios, tímidos y retraídos, reprimiéndose constantemente en las ocasiones en que pudieran manifestarse.
2.- Los perturbados, no en el sentido de ser enfermos mentales sino en cuanto de tener perturbadas sus relaciones sociales, son inestables, en ocasiones logran alguna adaptación pero generalmente causan conflictos en su familia y entorno vecinal.

Fuente: http://www.revistaciencias.com/publicaciones/EElZZFlApyukFuYMNz.php

El envejecimiento y el estrés oxidativo


La vejez no es una enfermedad, aun cuando un cierto número de ancianos desarrolla discapacidades por causa de procesos crónicos originados por el envejecimiento. Muchas de las enfermedades que se asocian con la vejez son enfermedades crónicas las que se adquieren aproximadamente a los 30 años, como es el caso de la artritis, diabetes, enfermedades cardíacas, reumatismo, lesiones ortopédicas, alteraciones mentales y nerviosas. Por lo tanto, el envejecimiento en sí mismo no es una enfermedad y la mayor parte de las personas ancianas gozan de buena salud, aunque no se puede negar que está acompañado de cambios físicos y que incrementa la posibilidad de desarrollar enfermedades crónicas, porque el equilibrio orgánico es más frágil.
Algunos de los cambios físicos que aparecen con la edad son: declinación de las funciones sensoriales y perceptivas, disminución de la estatura, propensión a la osteoporosis en las mujeres, atrofia de las glándulas sebáceas del rostro, pérdida de la adaptación al frío y al calor, disminución de la fuerza y la rapidez para realizar actividades físicas, las paredes de las arterias se endurecen y se reduce su elasticidad y los mecanismos inmunológicos contra de las infecciones y el cáncer pierden eficiencia.
Fisiológicamente, el envejecimiento conlleva reducción del agua corporal, de la motilidad intestinal y de la masa renal, así como la función pulmonar pierde la capacidad de reserva. También disminuye la frecuencia cardíaca con el ejercicio y la sensibilidad de los barorreceptores, por lo que pueden producirse síntomas ortostáticos hipotensivos. Se deterioran las diversas modalidades sensoriales: sensibilidad táctil y profunda, visual y auditiva. Neuropsicológicamente puede apreciarse disminución de la memoria próxima, lentificación general de los procesos centrales y pérdida de velocidad en las actividades motoras.

Envejecimiento y estrés oxidativo

El envejecimiento y la disminución de la longevidad parecen ser debidos en parte a la acción de los radicales libres encargados de diversas reacciones de oxidación enzimática. Los radicales libres de oxígeno son altamente reactivos y todas las células pueden ser lesionadas.

Complejas reacciones bioquímicas han sido descritas en el cuerpo humano, estando estas controladas por múltiples mecanismos de regulación. Muchas de las reacciones bioquímicas implican transferencia y liberación de energía, que pueden acarrear formación de radicales libres, sin embargo estos deben ser cuidadosamente controlados porque dada su naturaleza altamente reactiva representan una amenaza potencial para los tejidos sanos.

El envejecimiento por la intervención de los radicales libres se debe a:

– Incremento en la velocidad de consumo del oxígeno en la mitocondria, lo cual disminuye su longevidad.
– Intervención de los radicales libres en el desarrollo de ciertas enfermedades (cáncer y aterosclerosis).

Con el desarrollo de la vejez, las acciones de las especies reactivas de oxígeno y de otros radicales son mucho más perjudiciales, porque con el envejecimiento los sistemas antioxidantes se ven disminuidos y por tanto existe una mayor probabilidad de que las especies radicalarias ejerzan su acción sobre sus moléculas blancos.


¿Cómo prevenir y enfrentar el maltrato al adulto mayor?

¿QUÉ ES EL MALTRATO?


El maltrato a los adultos mayores se refiere a cualquier acción u omisión que produce daño y que vulnera el respeto a su dignidad y el ejercicio de sus derechos como persona.Puede realizarse de manera intencionada, como también puede ocurrir por desconocimiento de manera no intencionada. El maltrato puede ocurrir en el medio familiar, comunitario o institucional. La violencia contra las personas de edad puede adoptar muchas formas y se produce en todas las esferas sociales, económicas, étnicas y geográficas, por tanto está mucho más cerca y presente de lo que imaginamos.

1. MALTRATO FÍSICO
Agresiones que dañan la integridad corporal y que son hechas con la intención de provocar dolor, lesión  o ambas (empujones, zamarreos, bofetadas, golpes, cortes, quemaduras, ataduras, pueden ser acompañados de aislamiento físico y afectivo).
¿CÓMO RECONOCER EL MALTRATO FÍSICO?
Se trata de lesiones visibles como cortes, quemaduras, moretones.

2. MALTRATO PSICOLÓGICO
Actos intencionales que producen malestar mental o emocional en la persona, como son las agresiones 
verbales, aislamiento, amenazas de intimidación, humillación, falta de respeto a sus creencias, ridiculización y cualquier otra conducta degradante, amenaza de abandono, o de envío a un establecimiento de larga estadía, sin su consentimiento, falta de consideración de sus deseos y sobreprotección que genera sentimiento de inutilidad o limita la capacidad de decidir. Este actuar puede producir perjuicio en la salud psicológica, en la capacidad de decidir, en la pérdida de la autoestima y en el deterioro de su bienestar.
¿CÓMO RECONOCER EL MALTRATO PSICOLÓGICO? 
El maltrato psicológico es más difícil de reconocer, pues afecta al mundo interior de cada persona, y cuando se empieza a notar, el maltrato está en un estado bastante avanzado. Sin embargo, existen conductas que nos podrían poner en alerta, como lo son llanto, gestos de angustia, mirada temerosa, aislamiento, sobresalto, miedo y depresión.

3. ABUSO PATRIMONIAL
La utilización de la pensión o jubilación del adulto mayor o una parte de ella, en beneficio propio, así como también la apropiación de bienes, propiedades o el patrimonio en general, mediante fraude, engaño o amenazas.Este tipo de maltrato se puede observar cuando la persona va sufriendo un deterioro elocuente respecto a su nivel socio económico, como por ejemplo cambio en el vestir, disponer de menos dinero que lo habitual, el traslado de su dormitorio al interior de su propia vivienda por orden de un tercero.

4. NEGLIGENCIA
La negligencia consiste en no entregar los cuidados o supervisión necesarios de alimentación, vestuario, higiene y cuidados médicos apropiados que un adulto mayor requiere.Este tipo de negligencia puede ser 
pasiva, cuando es consecuencia de un desconocimiento o incapacidad por parte del cuidador. En cambio, pasa a ser activa cuando se realiza de modo intencional.

5. ABANDONO
Se produce cuando cualquier persona o institución no asume la responsabilidad que le corresponde en el cuidado de un adulto mayor, o que habiendo asumido su cuidado o custodia, lo desampara de manera voluntaria.

6. ABUSO SEXUAL
Realización de actos sexuales con una persona mayor sin su consentimiento, empleando fuerza, amenaza o 
aprovechándose de que existe un deterioro cognitivo que lo incapacita para dar dicho consentimiento.

7. MALTRATO ESTRUCTURAL
Ocurre cuando no se han generado las condiciones para la adecuada satisfacción de las necesidades básicas de las personas, afectando el ejercicio de los derechos humanos y ciudadanos.

PRINCIPALES MOTIVOS POR LOS QUE LOS ADULTOS MAYORES NO BUSCAN AYUDA

Generalmente este problema social es vivido en silencio. Si no se hace una denuncia, 
persiste en las víctimas el ciclo de violencia y los agresores quedan en impunidad.

Por deseo de proteger al agresor de las consecuencias de sus actos.
No lo consideran necesario.
Por vergüenza, miedo y deshonra.
Por una percepción errónea que hace visualizar como normal el maltrato recibido.
Por déficit cognitivos y sensoriales (demencia).
Por encontrarse en situación de dependencia. 
Por la pérdida de su autonomía.
Por desinformación.
Por soledad, aislamiento y falta de apoyo de redes y apoyo de familiares y amigos.

Fuente: http://www.senama.cl/filesapp/Cartilla%20SENAMA.pdf

Sexualidad en el anciano: un elemento importante en su calidad de vida


El desarrollo sexual humano es un proceso que abarca toda la vida. Cada persona tiene sentimientos, actitudes y creencias sexuales procesadas a través de una perspectiva intensamente individual, la cual se conforma por experiencias personales, tanto íntimas como sociales. Existe la tendencia a ignorar, subestimar, sensacionalizar a veces, y en la mayoría de las ocasiones no creer en las capacidades, deseos y necesidades que tienen los ancianos en la esfera sexual. Por todo ello, la problemática de la expresión sexual en el anciano se agrava no solo por los estereotipos sociales, sino también porque muchas veces existe la falta de la otra pareja, siendo importante el apoyo de su familia.

La sexualidad es una dimensión humana que abarca todo nuestro ser y desaparece solo con la muerte. En ella intervienen elementos biológicos, psicológicos y socioculturales.
En ocasiones, los jóvenes creen inaceptable la expresión de la actividad sexual en el anciano. Según estudios, el interés y la actividad sexual en ambos sexos disminuye con la edad, ocurren cambios biológicos que debe conocer el anciano y los médicos para evitar confundir situaciones como la impotencia en el hombre y la interpretación correcta de las molestias y el dolor que durante las relaciones sexuales puede padecer la mujer.
Se debe tener en cuenta también que muchos medicamentos pueden inhibir el funcionamiento sexual como las drogas antihi-pertensivas, los diuréticos, las benzodiacepinas, etcétera.

Existen diversas opiniones sobre la sexualidad, con un predominio del criterio de que esta debe suceder sin tener en cuenta la edad, aunque algunos la asocian a la juventud. La actividad e interés sexual está más conservada en los hombres, mientras que en las mujeres sobresale la falta de interés.

Entre las entidades crónicas que padecen, y que han podido afectar su sexualidad, encontramos la hipertensión arterial, la artrosis y la diabetes mellitus. Las drogas que más se ingieren en estas edades son los sedantes y las antihipertensivas, que son grupos de medicamentos que pueden también reducir la actividad sexual.

Es vital incrementar la preparación sobre la sexualidad en esta etapa de la vida, también al personal de la salud, en función de mejorar la calidad de vida de estas personas con un enfoque amplio de criterios y acciones.


El funcionamiento cognitivo en la vejez: atención y percepción en el adulto mayor


La memoria es un proceso mental complejo por medio del cual fijamos, retenemos y reproducimos todo aquello que estuvo una vez en nuestra conciencia, haciendo uso posterior de nuestra experiencia; es pues, una condición necesaria para desarrollar una vida independiente y productiva, pero para que la información sea adecuadamente registrada y evocada es necesario que otras funciones neuropsicológicas permanezcan indemnes.


ATENCIÓN 

La atención es una función neuropsicológica que sirve de mecanismo de activación y funcionamiento de otros procesos mentales más complejos como la percepción, la memoria o el lenguaje, mediante operaciones de selección, distribución y mantenimiento de la actividad psicológica.

En los adultos mayores la atención, sobre todo si debe ser mantenida voluntariamente, disminuye. El comportamiento de la atención sufre cambios con la edad que se manifiestan en un declive en la tasa de exactitud en la detección de señales, que podría interpretarse como una disminución progresiva en el grado de vigilancia, manifestada en tareas que requieran atención mantenida.

Las alteraciones que puedan presentarse en la atención del adulto mayor están íntimamente relacionadas con la motivación que despierte la tarea que se esté acometiendo, y con las alteraciones perceptivas que pudieran estar relacionadas con la edad, de tal manera que en condiciones ambientales desfavorables, la atención mantenida podría debilitarse, mientras que en ambientes estimulantes y tareas de interés, podría lograrse una optimización de la atención del senescente.
Algunas condiciones mentales, como la depresión, podrían también afectar la atención, así como el consumo de psicofármacos, fundamentalmente de benzodiacepinas.
En los procesos demenciales la atención no le permite al paciente guardar la información, por lo tanto, la atención comienza a deteriorarse junto con la memoria reciente, y en la medida en que la enfermedad avanza, se vuelve mas distraído y con mayor dificultad para mantener la atención en las actividades que realiza. La capacidad para seleccionar los estímulos adecuados para la realización de cada tarea, se va alterando progresivamente hasta el ensimismamiento en etapas de deterioro avanzado.

Resulta muy importante prestar atención a las quejas subjetivas de los adultos mayores o sus familiares, referentes a problemas en la concentración, porque, usualmente, incluso entre el personal de la salud, se comparte el mito del declive intelectual en el adulto mayor, lo cual impide muchas veces una correcta valoración que podría permitir acciones de prevención o de rehabilitación temprana del deterioro cognitivo.

En los adultos mayores sanos el ejercicio de la atención tendrá un propósito preventivo, y bastará con pedirles que mantengan su atención de manera voluntaria en las actividades que realizan, en su entorno, en señales simultáneas, que practiquen la lectura, el cálculo, estudien, escuchen música o realicen ejercicios físicos.

PERCEPCIÓN

La percepción es la capacidad mental que nos permite integrar y/o reconocer aquello que nos llega a través de nuestros sentidos. Nos permite reconocer aquellos objetos a los que prestamos atención y/o crear patrones propios de conocimiento, por lo tanto, debe producirse un encuentro entre la información sensorial y los archivos de memoria, dando paso a la percepción o interpretación de la realidad.

Los adultos mayores tienen problemas de agudeza y procesamiento visual, problemas de sensibilidad a la iluminación con dificultades de visión en lugares poco iluminados, problemas para distinguir colores, problemas para enfocar diferentes distancias y déficit en la percepción espacial. Estas dificultades influyen en el tiempo que necesitan para identificar estímulos visuales, y por lo tanto, aumenta el tiempo requerido para resolver tareas perceptivas en comparación con los jóvenes.
La secuencia del deterioro de la percepción en el síndrome demencial se inicia en el momento en que el paciente comienza a perder su capacidad para recordar, porque se pierde el material con el que debería comparar lo que percibe. Esto trae como consecuencia que el paciente comience a tener dificultades para interpretar correctamente y reconocer adecuadamente las situaciones, las personas y los objetos que se encuentran en su entorno.
El enfermo de Alzheimer va perdiendo paulatinamente la capacidad para reconocer lo que tiene a su alrededor, y uno de los trastornos cognitivos que presenta es la agnosia: alteraciones en el reconocimiento del mundo que los rodea en ausencia de alteración de los órganos de los sentidos.

Debemos prestar atención a los procesos que habitualmente pueden asociarse al fenómeno del envejecimiento. Por una parte, la incomprensión y la falta de adaptabilidad a situaciones nuevas que colocan a las personas mayores en una situación de inferioridad para afrontar determinados acontecimientos; y por la otra, el declive psicofísico que conlleva necesidades de atención psicosocial, sanitarias y económicas cada vez mayores.

Nuestros adultos mayores necesitan conocer su importancia y cómo pueden incluir en el autocuidado de la salud, la preservación y el mejoramiento de sus capacidades intelectuales.


DEPRESIÓN EN EL ADULTO MAYOR


La depresión no es algo normal en el proceso de envejecimiento y la mayoría de los adultos mayores se sienten satisfechos con sus vidas, a pesar del aumento de dolores físicos. Sin embargo, cuando la depresión se presenta en adultos mayores, puede pasarse por alto porque en la vejez se muestran síntomas menos evidentes y porque pueden estar menos propensos a sufrir o reconocer, sentimientos de pena o tristeza. 
La depresión es comúnmente un problema de salud mental en los adultos mayores. Un 15% de los adultos mayores de más de 65 años sufren este trastorno y muchas veces no está diagnosticado o tratado como debiera. Sólo 15% de los adultos mayores con depresión reciben un tratamiento adecuado. 
Los adultos mayores suelen padecer condiciones médicas, tales como enfermedades cardiacas, derrames cerebrales o algún tipo de cáncer, que pueden provocar síntomas de depresión. Igualmente, pueden estar tomando medicamentos cuyos efectos secundarios contribuyen a la depresión; más de 15% de adultos mayores con un problema crónico de salud padecen de depresión.
El riesgo de suicidio es más grande en adultos mayores hombres que en mujeres. Se sabe que muchos de ellos sufren de alguna enfermedad depresiva que los médicos no fueron capaces de detectar, ya que un porcentaje relevante de estas víctimas de suicidio a menudo visitaron a sus médicos en el mes anterior a su muerte. 

TRATAMIENTOS PARA LA DEPRESIÓN

La depresión es, hasta en los casos más graves, un trastorno tratable. Actualmente se cuenta con tratamientos altamente eficaces para aliviar esta enfermedad. La mayoría de los adultos mayores con depresión mejoran cuando reciben tratamiento con antidepresivos, psicoterapia o con una combinación de ambos.

PSICOTERAPIA

Varios tipos de psicoterapia o “terapia hablada” pueden ayudar en la depresión. La psicoterapia puede ser 
completada en un plazo corto o largo, según las necesidades o preferencias del paciente. La terapia interpersonal ayuda a las personas a entender y resolver relaciones personales 
problemáticas que pueden causar o empeorar su depresión. La psicoterapia suele ser una buena opción para tratar las depresiones leves y moderadas. Sin embargo, para una depresión grave, la psicoterapia no es suficiente. Una combinación de medicamentos y psicoterapia puede ser la opción más efectiva para tratar una depresión grave. Un estudio sobre el tratamiento de la depresión en adultos mayores descubrió que los pacientes que respondieron al primer tratamiento de medicamentos y terapia interpersonal presentaron menos probabilidades de volver a sufrir depresión si continuaban con su tratamiento combinado durante al menos dos años.

TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL

La terapia cognitivo-conductual ayuda a las personas a cambiar sus estilos negativos de pensamientos, 
sentimientos y comportamiento, que pueden contribuir a la depresión. Al enseñar nuevas maneras de pensar y de comportarse, la terapia cognitivo-conductual puede cambiar los sentimientos, los pensamientos y la conducta, y con ello mejorar el estado de ánimo. Este método se sustenta en la idea de que los tres componentes del estado de ánimo (pensamientos, sentimientos y conducta) están interrelacionados, y esa también es la dinámica de la depresión. Con esta terapia se puede cambiar los pensamientos, los sentimientos y las conductas negativas a positivas, en un lapso de tiempo relativamente corto, aliviando así la depresión. La terapia cognitivo-conductual ha sido probada como una terapia más eficaz que las terapias analíticas o no-directivas, y como una terapia eficaz específicamente para los adultos mayores con depresión.

Para mayor información: http://www.geriatria.salud.gob.mx/descargas/24.pdf

Envejecimiento poblacional y fragilidad en el adulto mayor



El número de personas que en el mundo rebasa la edad de 60 años, aumentó en el siglo XX de 400 millones en la década del 50, a 700 millones en la década del 90; estimándose que para el año 2025 existirán alrededor de 1 200 millones de ancianos.También se ha incrementado el grupo de los "muy viejos", o sea los mayores de 80 años de edad, que en los próximos 30 años constituirán el 30 % de los adultos mayores en los países desarrollados y el 12 % en los llamados en vías de desarrollo.
El reto social que el proceso de transición demográfica representa para las naciones, se debe a las grandes necesidades que genera desde el punto de vista económico, biomédico y social. Su repercusión sobre el sistema de salud radica en que son los ancianos los mayores consumidores de medicamentos y servicios de salud.A nivel estatal representa un considerable aumento de los gastos para la Seguridad y la Asistencia Social. De la misma manera que el envejecimiento transforma sustancial y progresivamente la situación de salud individual, también influye sobre la estructura y la dinámica de la familia como célula básica de la sociedad.

El ancestral interés de los humanos por vivir el mayor número de años posible, unido al creciente desarrollo de la ciencia y la técnica, sustentan la tendencia actual que considera que si importante es vivir más años, es esencial que estos transcurran con la mejor calidad de vida posible.
El proceso de envejecimiento humano individual es el resultado de la suma de dos tipos de envejecimiento: el primario, intrínseco o per se y el secundario. El envejecimiento primario es el proceso o grupo de procesos responsables del conjunto de cambios observados con la edad en los individuos de una especie y no relacionados con la presencia de enfermedad.
El envejecimiento secundario hace referencia al que se produce en los seres vivos cuando son sometidos a la acción de fenómenos aleatorios y selectivos, que ocurren a lo largo del tiempo de vida y que interaccionan con los mecanismos y cambios propios del envejecimiento primario para producir el “envejecimiento habitual. Los principales representantes de este envejecimiento secundario son los problemas de salud de carácter crónico y los cambios adaptativos para mantener la homeostasis del medio interno.
Sea cual sea el tipo de envejecimiento considerado, la característica fundamental común a cualquiera de ellos es la pérdida de la reserva funcional, que condiciona una mayor susceptibilidad a la agresión externa al disminuir los mecanismos de respuesta y su eficacia para conservar el equilibrio del medio interno.
Entre las definiciones de fragilidad encontradas se encuentra la de Buchner que la considera “el estado en que la reserva fisiológica está disminuida, llevando asociado un riesgo de incapacidad, una pérdida de la resistencia y un aumento de la vulnerabilidad. Por su parte Brocklehurst defiende la idea de que se trata de un “equilibrio precario, entre diferentes componentes, biomédicos y psicosociales, que condicionarán el riesgo de institucionalización o muerte.
Campbell y Buchner la entendieron como sinónimo de inestabilidad, de mayor probabilidad o riesgo de cambiar de estatus, de caer en dependencia o de incrementar la pre-existente, mientras que Fried LP considera a los ancianos frágiles como un subgrupo de alto riesgo, susceptible de un control sociosanitario riguroso sobre los que instaurar políticas curativas y preventivas específicas.
Una definición de Batzán JJ y otros plantea que la fragilidad puede definirse como la disminución progresiva de la capacidad de reserva y adaptación de la homeostasis del organismo que se produce con el envejecimiento, está influenciada por factores genéticos y es acelerada por enfermedades crónicas y agudas, hábitos tóxicos, desuso y condicionantes sociales y asistenciales.
Por su parte, Brown y otros definieron la fragilidad como la disminución de la habilidad para desarrollar actividades prácticas y sociales importantes de la vida diaria.
Maestro Castelblanque y Albert Cuñat relacionan la fragilidad con una mayor necesidad y riesgo de utilizar recursos sociales y sanitarios, institucionalización, deterioro de la calidad de vida y muerte.


Aspectos psicológicos y psiquiátricos del adulto mayor

Después de los 65 años, el individuo vive una etapa normal del desarrollo, los principales problemas que enfrentan los adultos mayores son los que les creamos a través de la política y la economía que afectan su estatus en mayor grado que el envejecimiento en sí. Los grupos claves en el problema del envejecimiento son los grupos de edad más joven pues son quienes determinan el estatus y la posición de los adultos mayores en el orden social. La vejez no tiene que ser el punto más bajo del ciclo de vida ya que el envejecimiento satisfactorio es posible si las estructuras sociales y nuestros pensamientos se reorganizan. Por ejemplo, no tiene por qué haber desempleo para el grupo de Adultos Mayores, pues si sólo se contrata a las generaciones jóvenes, se desaprovecha la experiencia y sabiduría de las mayores. 


ASPECTOS PSICO-PSIQUIÁTRICOS:

La principal tarea de las personas mayores es la de comprender y aceptar su propia vida y hacer uso de su experiencia para hacer frente a los cambios personales o pérdidas. Las personas han de adaptarse a la disminución de la fortaleza y salud física, a la jubilación o retiro del trabajo y a su propia muerte. Ha medida que tratan estos temas, sus motivaciones pueden variar, de esta forma se presentan diversas teorías:

Ultimo Estadio de Erikson: ”Integridad versus desesperación” Constituye la culminación de la resolución triunfante de las siete crisis previas en el desarrollo a lo largo de la vida, por lo que pudo haber sido o por lo que debería haberse hecho en forma distinta. Implica la aceptación de los propios progenitores como personas que hicieron lo mejor que pudieron, haciéndose merecedoras de nuestro amor, aún cuando no fueron perfectas. También consiste en la cercanía de la propia muerte como fin inevitable de la existencia de la vida.
Teoría de la Actividad: cuanto más activa permanezca una persona mayor, más satisfactoriamente envejecerá y los papeles que constituyen principalmente su satisfacción son: trabajo, cónyuge, padre, madre, y la máxima pérdida es debido a la viudez y la enfermedad.
Teoría de la Desvinculación: El envejecimiento se caracteriza por una mutua separación, por parte de la persona mayor, la cual voluntariamente disminuye sus actividades y compromisos, lo cual ayudaría a las personas mayores a mantener su equilibrio, siendo benéfico tanto para la persona como para la sociedad.


ASPECTOS PSICOSOCIALES:

Pérdida de la autoestima:

Una de las primeras necesidades de todo ser humano es la de sentirse aceptado, querido, acogido, útil y capaz, reconocido, digno, perteneciente a algo y a alguien, todos ellos sentimientos en los que se basa la autoestima. Por lo tanto no puede haber autoestima en el individuo si éste percibe que los demás prescinden de él. Autoestima consiste en las actitudes del individuo que éste mantiene hacia sí mismo. Cuando éstas son positivas hablamos de buen nivel o alto nivel de autoestima. Un buen nivel de autoestima es garantía de que la persona podrá hacer frente con dignidad a importantes contrariedades de la vida y no decaerá su ánimo fácilmente.

Pérdida del significado o sentido de la vida:

Alcanzar la integridad consiste en haber logrado un especial estado del espíritu que Sherman dice que es la aceptación de la realidad de uno mismo y de la propia vida, resultante del abandono de ilusiones. Sin embargo quienes siguen acariciándolos sin ser realistas desarrollan los sentimientos de fracaso, frustración y decepción de uno mismo que resultan inevitablemente en un sentimiento de desesperación.

Dice Frankl que el vacío existencial es la neurosis masiva de nuestro tiempo, ella se produce en el propio ser. La propia existencia carece de significación. Esto puede desencadenar una serie de síntomas depresivos. Esto le sucede con más facilidad al adulto mayor. Los adultos mayores mentalmente activos son capaces de enfrentarse a la muerte con más serenidad que aquellos quienes perciben que su vida carece de sentido.

- Pérdida de la facilidad de adaptación:

A esta edad el problema se agudiza pues viene sazonado de otros tintes de marginación social. Por eso el anciano se encuentra sin las herramientas que le permitan un trabajo de adaptación: son las motivaciones o refuerzos sociales. Al carecer de dichas herramientas le es difícil adquirir hábitos nuevos, y por lo tanto, adaptarse a las nuevas circunstancias.
Así puede parecer como persona algo rígida, chapada a la antigua, aferrada a su sola experiencia tan importante para él o ella, pero que siente que la sociedad no se la valora en la forma en la que la persona quisiera o considera que sería lo justo. La agresividad, la fácil irritabilidad que muestran algunas personas mayores, podría estar relacionada con este sentimiento de la difícil adaptación, sentimiento que se ve agravado por la pérdida de autonomía económica sufrida por muchos ancianos.


La aflicción o tristeza por una pérdida: 

Esta clase de dolor es una respuesta normal y saludable a diferentes tipos de pérdidas. Para calmarla, la persona tiene que aceptar los términos finales de esta pérdida. Para ello se pasa por diferentes estadios: Shock o confusión por sorpresa desagradable o confusión, negación, enojo o molestia por el abandono, amargura, fingimiento de haber vuelto a la normalidad, enfrentamiento a la realidad depresión, sin esperanza, culpa, hasta que va pasando. Es aconsejable hablar de esto con otras personas, seguir con sus actividades acostumbradas dentro de lo posible, dormir bien, evitar el alcohol, tabaco o drogas, no tomar decisiones importantes de inmediato y pedir ayuda psicológica si se necesita.

Insomnio: es muy común en las personas mayores de 65 años pues los patrones de sueño cambian al envejecer. Las causas pueden ser físicas, ambientales o de comportamiento (ruido, comer tarde en la noche, dormir durante el día, etc.), ingerencia de cafeína, alcohol, nicotina, algunos antidepresivos, medicinas estimulantes, horario de las medicinas, mentales como ansiedad o depresión; estrés como problemas familiares, financieros, de salud.

Estrés: es causado por el instinto del cuerpo de defenderse a sí mismo. Es bueno en emergencias pero puede causar síntomas físicos si perdura por mucho tiempo. Se puede presentar en la edad avanzada ante la inminencia de la jubilación, problemas familiares, problemas financieros. Se puede aprender el manejo adecuado del estrés.

Pérdida de la Memoria: La edad va asociada a la pérdida normal de la memoria. La pérdida de memoria asociada a un deterioro leve de las funciones mentales es más delicada pues corren un alto riesgo a la enfermedad de Alzheimer. También se puede dar una pérdida anormal de la memoria. Se caracteriza por problemas como la desorientación, incapacidad de recordar hechos muy recientes, y confusión. Puede ser el desarrollo de una demencia. Es necesario un buen diagnóstico diferencial pues también algunos medicamentos u otros trastornos pueden ocasionar estos síntomas. Un diagnóstico oportuno permite un tratamiento temprano.

Fuente: http://www.amapsi.org/portal/index.php?Itemid=110&id=103&option=com_content&task=view

Síntomas depresivos como factor de riesgo de dependencia en adultos mayores




Con el aumento de los adultos mayores en el mundo se espera una mayor incidencia de múltiples enfermedades crónicas, entre las que se incluye la depresión. Es probable que esta última constituya la principal causa de sufrimiento y mala calidad de vida durante la vejez.El ánimo depresivo no forma parte del envejecimiento normal y su presencia suele subestimarse. 

Los síntomas depresivos, tanto como la depresión, tienen un efecto negativo sobre las capacidades funcionales del adulto mayor. En estudios transversales y longitudinales se ha demostrado que los adultos mayores que viven en la comunidad afectados por este problema tienen mayor discapacidad física y social. Las consecuencias de los síntomas depresivos sobre las capacidades físicas pueden ser similares o incluso más importantes que las de muchas enfermedades crónicas, lo cual es más evidente cuando se conjugan con otras afecciones, como la demencia, o con una pobre red social, escasa autosatisfacción o sentimientos de soledad. Sin embargo, todos estos estudios han considerado la " discapacidad" como la consecuencia última de los síntomas depresivos y no hacen una clara referencia si se incluye la presencia de "dependencia funcional" , puesto que ambos términos describen dos entidades diferentes.

Según el modelo de Wood, la discapacidad corresponde a una reducción (producto de una deficiencia), parcial o total, de la imposibilidad de llevar a cabo una actividad de la forma o en los límites considerados como normales para el ser humano.Por otro lado, la dependencia se define como el estado en el que se encuentran las personas que, por razones ligadas a la falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de asistencia o ayuda considerables para realizar sus actividades de la vida diaria.Esta última definición supone la presencia de una persona que intervenga directamente en el cuidado del individuo, incluso para la satisfacción de sus necesidades más básicas.

Los factores que llevan a la discapacidad y dependencia son múltiples y diversos, los cuales comprenden, por ejemplo, la baja escolaridad, el deterioro cognoscitivo, los malos hábitos de vida o problemas de salud mental.Algunos factores son más evidentes que otros, pero el papel de cada uno de ellos en la aparición de estos fenómenos no se comprende del todo.


Es necesario sensibilizar a los profesionales de salud acerca de la necesidad de su búsqueda y evaluación sistemática cuando aquéllos acuden a consulta por otros motivos. Esta medida debe aplicarse más aún en los adultos mayores que visitan de forma repetitiva los servicios de urgencias, sin manifestar de forma objetiva alguna afección física, lo cual puede ser un indicio útil para determinar la presencia de síntomas depresivos de relevancia clínica. Debido a que la depresión en todo su espectro constituye una enfermedad potencialmente reversible y con un pronóstico favorable, este trabajo puede contribuir al establecimiento de políticas de salud pública basadas en evidencia para fomentar su tratamiento temprano y prevención.



BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA EN EL ADULTO MAYOR


El envejecimiento conlleva una serie de cambios a nivel cardiovascular, respiratorio, 
metabólico, músculo esquelético, motriz, etcétera que reducen la capacidad de esfuerzo y 
resistencia al estrés físico de los mayores, reduciéndose así mismo su autonomía, calidad de 
vida, su habilidad y capacidad de aprendizaje motriz.

En este sentido, uno de los objetivos prioritarios para este nuevo milenio es fomentar la actividad física, especialmente en la tercera edad, intentando aumentar la proporción de personas adultas que realizan ejercicio físico de forma regular, al menos 30 minutos al día,  preferiblemente todos los días, disminuyendo al máximo la población sedentaria. 

El ejercicio cumple un rol fundamental en la calidad de vida del adulto mayor permite 
la continuidad de la fuerza y la movilidad, proporciona un sueño sin interrupciones, mejora el estado de ánimo, previene algunas enfermedades y genera ambientes recreativos. 

 Entre los beneficios de la actividad física están: 

• Disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares 
• Previene y/o retrasa el desarrollo de Hipertensión arterial, y disminuye los valores de 
tensión arterial en hipertensos. 
• Mejora la regulación de la glucemia y disminuye el riesgo de padecer Diabetes Mellitus 
tipo 2. 
• Mejora la digestión y el ritmo intestinal. 
• Disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. 
• Incrementa la utilización de la grasa corporal y mejora el control del peso. 
• Mejora la imagen personal 
• Mantiene y mejora la fuerza. 
• Mantiene la estructura y función de las articulaciones. 
• Mejorar la calidad del sueño. 
• Permite compartir una actividad con la familia y amigos. 
• Ayuda a liberar tensiones y mejora el manejo del estrés. 
• Ayuda a combatir y mejorar los síntomas de la ansiedad y la depresión. 
• Aumenta el entusiasmo y el optimismo. 
• Disminuye el riesgo de caídas, ayuda a retrasar o prevenir las enfermedades crónicas y 
aquellas asociadas con el envejecimiento. 
• Mejora su calidad de vida y aumenta su capacidad para vivir de forma independiente. 


La tendencia en los adultos mayores indica que el nivel de actividad física regular es 
muy bajo, en parte, debido al mito de que no se benefician con ella o, no deberían ser 
físicamente activos. 

 La reducción del repertorio motor, junto a la lentitud de los reflejos y descenso del 
tono muscular en reposo, entre otros factores, provocan descoordinación y torpeza motriz. 
La inmovilidad e inactividad es el mejor agravante del envejecimiento.

Para mayor información: http://medicina.uach.cl/saludpublica/diplomado/contenido/trabajos/1/Osorno%202007/BENEFICIOS%20DE%20LA%20ACTIVIDAD%20F%CDSICA%20EN%20EL%20ADULTO%20MAYOR.pdf

jueves, 12 de septiembre de 2013

¨NeuroRacer¨ podría mejorar la capacidad multitarea en adultos mayores

Un grupo de científicos de la Universidad de California realizó una investigación en la cual describe que el cerebro de un adulto mayor posee una flexibilidad superior a la que se pensaba hasta ahora. Su hipótesis refería que se podría evitar la disminución de las capacidades como memoria, atención y concentración. 



Siguiendo con el proceso, se pasó a contrastar la hipótesis  Para esto, se solicitó la colaboración de ciertos expertos en tecnología y entretenimiento, los cuales elaboraron un videojuego llamado ¨NeuroRacer¨. En el cual, el objetivo era realizar una actividad específica o varias actividades al mismo tiempo. 


Adam Gazzaley, jefe del proyecto, aseguró que uno de los requisitos del videojuego era el hecho de que los adultos mayores que jueguen deberían estar expuestos a distracciones. Esto, con el fin de analizar su atención y su capacidad multitarea. 



Se tomó como muestra un grupo de personas de entre los 60 y 85 años de edad. Estos fueron divididos en distintos grupos para que jueguen las distintas variaciones del ¨NeuroRacer¨. Esto se dio 3 horas a la semana y por un mes. 
Con los resultados después del primer mes de entrenamiento, los científicos comprobaron que el grupo que jugó a la versión multitarea de "NeuroRacer" mejoró su capacidad de desempeñar dos actividades simultáneas que demandaban gran atención. 
Luego, tras seis meses de entrenamiento continuo, además de mejorar su capacidad multitarea, lograron superar los resultados de los jóvenes de 20 años que no se habían entrenado de esa forma.
Con la finalidad de que queden demostrados sus resultados, el grupo de científicos también midió la actividad cerebral de los participantes a través de electroencefalografías, antes y después de someterse al entrenamiento. 
Gracias a estas se pudo apreciar el registro de mayor actividad en las ondas "theta" del cerebro de los participantes, las cuales se encuentran relacionadas a la memoria plástica y la capacidad de aprendizaje. 


Se añade que según el investigador de California, el continuo entrenamiento con "NeuroRacer" también consiguió mejoras en la memoria de trabajo y en la atención de los adultos mayores.