El número de personas que en el mundo rebasa la edad de 60
años, aumentó en el siglo XX de 400 millones en la década del 50, a 700
millones en la década del 90; estimándose que para el año 2025 existirán
alrededor de 1 200 millones de ancianos.También se ha incrementado el grupo de
los "muy viejos", o sea los mayores de 80 años de edad, que en los
próximos 30 años constituirán el 30 % de los adultos mayores en los países
desarrollados y el 12 % en los llamados en vías de desarrollo.
El reto social que el proceso de transición demográfica
representa para las naciones, se debe a las grandes necesidades que genera
desde el punto de vista económico, biomédico y social. Su repercusión sobre el
sistema de salud radica en que son los ancianos los mayores consumidores de
medicamentos y servicios de salud.A nivel estatal representa un considerable
aumento de los gastos para la Seguridad y la Asistencia Social. De la misma
manera que el envejecimiento transforma sustancial y progresivamente la
situación de salud individual, también influye sobre la estructura y la
dinámica de la familia como célula básica de la sociedad.
El ancestral interés de los humanos por vivir el mayor
número de años posible, unido al creciente desarrollo de la ciencia y la
técnica, sustentan la tendencia actual que considera que si importante es vivir
más años, es esencial que estos transcurran con la mejor calidad de vida
posible.
El proceso de envejecimiento humano individual es el
resultado de la suma de dos tipos de envejecimiento: el primario, intrínseco o
per se y el secundario. El envejecimiento primario es el proceso o grupo de
procesos responsables del conjunto de cambios observados con la edad en los
individuos de una especie y no relacionados con la presencia de enfermedad.
El envejecimiento secundario hace referencia al que se
produce en los seres vivos cuando son sometidos a la acción de fenómenos
aleatorios y selectivos, que ocurren a lo largo del tiempo de vida y que
interaccionan con los mecanismos y cambios propios del envejecimiento primario
para producir el envejecimiento habitual. Los
principales representantes de este envejecimiento secundario son los problemas
de salud de carácter crónico y los cambios adaptativos para mantener la
homeostasis del medio interno.
Sea cual sea el tipo de envejecimiento considerado, la
característica fundamental común a cualquiera de ellos es la pérdida de la
reserva funcional, que condiciona una mayor susceptibilidad a la agresión
externa al disminuir los mecanismos de respuesta y su eficacia para conservar
el equilibrio del medio interno.
Entre las definiciones de fragilidad encontradas se
encuentra la de Buchner que la considera el
estado en que la reserva fisiológica está disminuida, llevando asociado un
riesgo de incapacidad, una pérdida de la resistencia y un aumento de la
vulnerabilidad. Por su parte Brocklehurst defiende la idea de que se trata de
un equilibrio precario, entre diferentes
componentes, biomédicos y psicosociales, que condicionarán el riesgo de
institucionalización o muerte.
Campbell y Buchner la entendieron como sinónimo de
inestabilidad, de mayor probabilidad o riesgo de cambiar de estatus, de caer en
dependencia o de incrementar la pre-existente, mientras que Fried LP considera
a los ancianos frágiles como un subgrupo de alto riesgo, susceptible de un
control sociosanitario riguroso sobre los que instaurar políticas curativas y
preventivas específicas.
Una definición de Batzán JJ y otros plantea que la
fragilidad puede definirse como la disminución progresiva de la capacidad de
reserva y adaptación de la homeostasis del organismo que se produce con el
envejecimiento, está influenciada por factores genéticos y es acelerada por
enfermedades crónicas y agudas, hábitos tóxicos, desuso y condicionantes
sociales y asistenciales.
Por su parte, Brown y otros definieron la fragilidad como la
disminución de la habilidad para desarrollar actividades prácticas y sociales
importantes de la vida diaria.
Maestro Castelblanque y Albert Cuñat relacionan la
fragilidad con una mayor necesidad y riesgo de utilizar recursos sociales y
sanitarios, institucionalización, deterioro de la calidad de vida y muerte.
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