Con el aumento de los adultos mayores en el mundo se espera
una mayor incidencia de múltiples enfermedades crónicas, entre las que se
incluye la depresión. Es probable que esta última constituya la principal causa
de sufrimiento y mala calidad de vida durante la vejez.El ánimo depresivo no
forma parte del envejecimiento normal y su presencia suele subestimarse.
Los síntomas depresivos, tanto como la depresión, tienen un
efecto negativo sobre las capacidades funcionales del adulto mayor. En estudios
transversales y longitudinales se ha demostrado que los adultos
mayores que viven en la comunidad afectados por este problema tienen mayor
discapacidad física y social. Las consecuencias de los síntomas depresivos
sobre las capacidades físicas pueden ser similares o incluso más importantes
que las de muchas enfermedades crónicas, lo cual es más evidente cuando se
conjugan con otras afecciones, como la demencia, o con una pobre red social,
escasa autosatisfacción o sentimientos de soledad. Sin embargo, todos estos
estudios han considerado la " discapacidad" como la consecuencia última
de los síntomas depresivos y no hacen una clara referencia si se incluye la
presencia de "dependencia funcional" , puesto que ambos términos
describen dos entidades diferentes.
Según el modelo de Wood, la discapacidad corresponde
a una reducción (producto de una deficiencia), parcial o total, de la
imposibilidad de llevar a cabo una actividad de la forma o en los límites
considerados como normales para el ser humano.Por otro lado, la dependencia se
define como el estado en el que se encuentran las personas que, por razones
ligadas a la falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual,
tienen necesidad de asistencia o ayuda considerables para realizar sus
actividades de la vida diaria.Esta última definición supone la presencia de una
persona que intervenga directamente en el cuidado del individuo, incluso para
la satisfacción de sus necesidades más básicas.
Los factores que llevan a la discapacidad y dependencia son
múltiples y diversos, los cuales comprenden, por ejemplo, la baja escolaridad,
el deterioro cognoscitivo, los malos hábitos de vida o problemas de salud
mental.Algunos factores son más evidentes que otros, pero el papel de cada uno
de ellos en la aparición de estos fenómenos no se comprende del todo.
Es necesario sensibilizar a los profesionales de salud
acerca de la necesidad de su búsqueda y evaluación sistemática cuando aquéllos
acuden a consulta por otros motivos. Esta medida debe aplicarse más aún en los
adultos mayores que visitan de forma repetitiva los servicios de urgencias, sin
manifestar de forma objetiva alguna afección física, lo cual puede ser un
indicio útil para determinar la presencia de síntomas depresivos de relevancia
clínica. Debido a que la depresión en todo su espectro constituye una
enfermedad potencialmente reversible y con un pronóstico favorable, este
trabajo puede contribuir al establecimiento de políticas de salud pública
basadas en evidencia para fomentar su tratamiento temprano y prevención.
Para mayor información: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0036-36342007000500007&script=sci_arttext
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